Discurso de Fernando Landeros

Lic. Fernando Landeros Verdugo
Director General


Buenas Noches
Toda nación es concebida, proyectada y construida por las manos, las mentes y los corazones de los hombres. Somos las personas humanas, quienes, como fruto de nuestra libertad, moldeamos y definimos las estructuras de nuestras propias civilizaciones. La estatura de una nación es sólo el reflejo de la estatura de sus hombres.

Por ello es importante preguntarnos, ¿qué es lo que determina la estatura de los hombres?, ¿Qué es lo que hace que un hombre viva en la dimensión de los más altos ideales y de las más grandes realizaciones?. Creo que, en definitiva son sus valores. Ya que el hombre vive y actúa en función de aquello que lo motiva, que lo incentiva; de aquello que le llene y le hace feliz; si actúa de una u otra forma lo hace determinado por los valores que posee.

Así, si las naciones tienen la estatura que tienen sus hombres y los hombres a su vez, tienen la estatura de los valores que poseen, debemos concluir que las naciones son en esencia lo que son los valores de sus hombres. Nada vemos en nuestro mundo que no sea sólo un reflejo de lo que hay dentro de cada uno de nosotros y nada existirá en el mundo que no sea sólo una consecuencia de los valores que poseemos. Quizá sea por esto que muchos coinciden en que lo que hoy estamos sufriendo más que una crisis económica o financiera, es ante todo y sobre todo una crisis cultural, ética y moral.

Sabemos que nuestra historia no es perfecta; está formada por un conjunto de altibajos, de luces y sombras, pero a pesar de todo, hemos acumulado bienes y valores para nuestro patrimonio cultural y el de toda la humanidad.

Si hablamos de luces, tenemos y muchas. México es un país que posee una enorme riqueza en su patrimonio cultural. México es un país que cuenta con una rica y profunda herencia en sus costumbres, tradiciones y valores. Somos herederos de un pasado lleno de heroicidad y de sacrificio. Conceptos, virtudes, símbolos, hechos y anhelos se funden y entrelazan en una nación como la nuestra. Valores que hacen de nuestra nación, una nación profundamente humana.

En México, a diferencia de muchos otros países, aún contamos con una estructura familiar, amamos profundamente la vida y la de sus niños, respetamos y defendemos el papel insustituible de la mujer en la educación de nuestro futuro y apreciamos y veneramos la riqueza y la sabiduría de nuestros abuelos...

La nobleza de nuestra gente, su alegría, su infinita vocación a la paz, a la concordia. Su pronta disponibilidad que nos hace ser solidarios en los momentos más difíciles y sacar lo mejor de nosotros mismos. En México aún creemos en la amistad y aquí es posible nacer y morir con un amigo al lado nuestro.

En México y en sus mexicanos constatamos todos los días - no sin asombro- la generosidad del que menos tiene. La fe de quien espera y cree, a veces, contra toda esperanza. El sentido del humor que nos hace reír de la tragedia, a veces para no llorar. Nuestra religiosidad que permea la vida y la muerte del mexicano y que le dota de un hondo sentido de la dimensión trascendente de la persona humana. Nuestro amor por lo bello manifestado en templos y canciones, artesanías y danzas, fiestas y sentido del color. También, como diría Agustín Basave, nuestro barroquismo, no como mera profusión de adornos, sino como apasionada abundancia de formas, apoteosis de valores personales y horror al vacío.

Basta con mirar los ojos de un niño mexicano, con sentir el abrazo de una madre, asombrarnos con el amanecer de nuestras playas y saborear el colorido de nuestros paisajes y de nuestros mercados para darnos cuenta de la enorme riqueza que tiene nuestro pueblo y por tanto nuestro país. O como escribía hace unos días Germán Dehesa, "me basta con mirar la larga, desgarrada y tenaz historia de mi país; me bastan las pirámides, los templos, el lago de Pátzcuaro y el escándalo de las bugambilias para saber que sí podemos". El corazón mexicano podría irradiar en torno suyo una era más humana con alcance universal. La espiritualidad y la nobleza mexicana tienen mucho que decir en este mundo impaciente, brutal y exasperado.

Ahora bien, estas características que a los mexicanos nos hacen sentirnos orgullosos de lo que somos y de lo que tenemos, parecería que a lo largo de los últimos años tendieran a desdibujarse y en algunos casos hasta desaparecer pues encontramos, por otro lado, sombras que también rodean a nuestra nación y que deberían hacernos reflexionar profundamente. Como el hecho de que hoy, en México, 40% de niños nacen fuera de la familia. O que 30% de los niños que nacen, son traídos a la vida por mujeres menores a los 16 años.

Observamos cómo la pobreza sigue avanzando sin que nada parezca frenarla ó constatamos con gran dolor cómo en los últimos meses la violencia, la impunidad y los intereses creados parecieran estar cubriendo nuestro territorio nacional.

Esa copia consciente o inconsciente de culturas ajenas, y ese olvido y descuido por lo propio, nos están haciendo perder lo más valioso que tenemos los mexicanos.

Porque en los últimos años, inmersos en esa ciega carrera hacia la modernidad, hacia un Primer Mundo no suficientemente bien conceptuado, quizás hemos pasado por alto el hecho de que en esos países que tanto buscamos imitar, encontramos también, graves contradicciones. Es en esos países del llamado primer mundo y no en los más pobres, en donde encontramos los índices más alarmantes de drogadicción, de alcoholismo, de violencia, de desintegración familiar, de prostitución y uno muy sintomático, de suicidio. ¿Es ése el primer mundo al que nos queremos parecer? ¿Ésos, los índices que queremos importar?

Si la meta de los hombres es ser felices y la meta de los pueblos es pertenecer a este primer mundo... ¿Acaso no hay una grave contradicción entre lo que anhelamos y la forma como lo buscamos?

 

Octavio Paz lo dice así: "Al ingresar al siglo XX decidimos que seríamos lo que eran los Estados Unidos; una nación moderna. Entrañaba un gran riesgo: el de nosotros mismos. Hoy sabemos el resultado; ni somos modernos y aún andamos en la búsqueda de lo que somos". No olvidemos que la única y la mejor imitación (posible) es la de nosotros mismos. Estoy convencido de que a pesar de nuestras graves, gravísimas carencias, si los parámetros para medir una nación, fuesen los parámetros culturales o espirituales, México sería un país del primer mundo. Ya que en definitiva son pocos los países que poseen el patrimonio histórico, cultural y humano que tenemos los mexicanos.

Un país no progresa por el sólo hecho de cambiar sus estructuras o plataformas económicas. Llevamos muchos años cometiendo el mismo error, sobre una u otra tendencia. Un país cambia, cuando cambian sus hombres. Progresa cuando progresan en lo individual sus hombres. Un país se transforma cuando progresan los hombres que son los que en definitiva tienen la capacidad para transformar a las naciones. Sólo mediante una profunda acción sobre los valores de los mexicanos, sobre su educación, sus hábitos y su inconsciente colectivo, podremos atacar las causas y no sólo las consecuencias de nuestros problemas.

Sólo así encontraremos en nuestra esencia y en nuestra identidad las razones y los sentimientos de pertenecer a una nación orgullosa, fuerte, segura de alcanzar y de recuperar la grandeza de su historia.

Actuando sobre estas convicciones, la Fundación México Unido ha diseñado una estrategia de acción para servir a México con la mayor eficacia. Promoviendo una cultura de solidaridad y una amplia participación ciudadana, en una primera fase lanzamos programas en favor de la familia, la niñez, la mujer y los educadores. Más adelante lo haremos con los adolescentes y universitarios, los empresarios y las sociedades intermedias. Se trata de todo un proyecto cívico cultural de gran alcance.

La lógica en la vida nos dice que sólo recibimos lo que damos, que cosechamos sólo lo que hemos sembrado. México ha tenido una infinita capacidad de espera y de paciencia, porque a pesar de no haber recibido siempre lo que debería, nos sigue ofreciendo un país rico en humanidad y nobleza.

Sólo crece aquello que se ama. Sólo se ama aquello que se conoce. Sólo se conoce a fondo aquello a lo que uno se entrega. Así es México, para poder amarlo debemos entregarnos ..
Diana Laura, nuestra primera presidenta afirmaba que su venganza era el perdón y la paz. Hoy la FMU asume ese compromiso aunado a la firme decisión de servir a nuestro país, dejando la vida cada día, por ver un México más justo y más próspero, partiendo del país que tenemos pero nunca abdicando del México que queremos.

El tiempo pasa y los siglos de ser nación se acumulan; lo que no es posible es que la inercia o el desánimo y no una actitud comprometida y creativa sean las que construyan, resuelvan y proyecten nuestro futuro.

Sólo los mexicanos debemos y podemos hacerlo. Las próximas generaciones, esas que como diría Diana Laura, "nos han prestado su mundo", podrán evaluar la decisión con la que abordamos la tarea de construir un México mejor.

Tenemos el corazón, los sentimientos y la nobleza; la creatividad, el ingenio y la habilidad. Tenemos historia, vida y proyecto y, sobre todo, las manos y los corazones de todos los mexicanos.

Que no nos falte el amor para completar esta tarea.
Muchas Gracias





PRUDENCIA
“Prudencia es saber distinguir las cosas deseables de las que conviene evitar”..

Marco Tulio Cicerón

México Unido