Nányotl: maternidad; gratitud por el don de la vida por Arturo Rocha C.
por Arturo Rocha C.
Cuando Fr. Bernardino
de Sahagún [1499-1590] reunió los diversos discursos morales de
los antiguos nahuas, suministrados por sus informantes indígenas,
tuvo que defenderse de sus detractores, oponiéndose a la incredulidad
de otros religiosos que no concebían que los naturales hubiesen
alcanzado alturas semejantes de pensamiento ético y de expresión
retórica. Creían que eran adulteraciones o sencillamente pensamiento
cristiano vertido por el propio Sahagún a la lengua náhuatl. Fue
por eso que Fr. Bernardino, en defensa de la originalidad de aquel
pensamiento indiano, se sintió movido a escribir en el prólogo al
Lib. VI de su Historia general de las cosas de la Nueva España:
"Lo que algunos émulos han afirmado, que todo lo escrito en estos
libros, antes de éste y después de éste, son ficciones y mentiras
hablan como apasionados y mentirosos, porque lo que en este libro
está escrito no cabe en entendimiento de hombre humano el fingirlo,
ni hombre viviente pudiera fingir el lenguaje que en él está. Y
todos los indios entendidos, si fueran preguntados, afirmarían que
este lenguaje es propio de sus antepasados, y obras que ellos hacían.

Recién parida: Códice florentino, Lib. VI, fol. 130v
"Sabido
es que la antigua cultura náhuatl, como muchas otras del mundo,
practicaba el sacrificio humano. Pero quien de ese hecho pretendiera
deducir que aquella gente despreciara la vida, se engañaría
lamentablemente. De suyo los antiguos mexicanos practicaban
el sacrificio humano no sólo por motivaciones religiosas,
sino porque la vida humana era la realidad más preciosa que
poseían; tan preciosa que los propios númenes de alguna forma
dependían de ella (baste recordar a Huitzilopochtli, a quien
se ofrendaba la preciosa sangre de los corazones de las víctimas
del sacrificio para que pudiera el sol reaparecer cada día).
De hecho, el nacimiento
de una nueva vida era considerado una "ordenación de nuestro señor
el Dueño del Cerca y del Junto (Tloque Nahuaque)".
Pero para comprender
la índole del respeto que los antiguos mexicanos profesaban por
la vida humana, vale la pena reproducir aquí una muestra de aquel
"lenguaje propio de los antepasados", que "no cabía en entendimiento
de hombre humano" el fingir, del que hablaba Sahagún, con que se
exhortaba a la jovencita en estado de gravidez. La hondura de este
pensamiento, vuelto hermosamente al castellano por el propio fraile
franciscano, sigue conmoviéndonos tras cinco siglos de historia
transcurrida desde aquellos tiempos en que eran cotidianas estas
amonestaciones, transmitidas de padres a hijos. He aquí a una abuelita
quien, antes de la llegada de los españoles a estas tierras, solía
dirigir a su nieta grávida estas palabras:
"Nieta mía muy amada y preciosa, como piedra preciosa, como chalchihuite
y zafiro, noble y generosa, ya es cierto ahora que nuestro señor
se ha acordado de vos, el cual está en toda parte y hace mercedes
a quien quiere; ya está claro que estáis preñada, y que nuestro
señor os quiere dar fruto de generación, y os quiere poner un joyel
y daros un pluma rica.
Por ventura lo han
merecido vuestros suspiros y vuestras lágrimas, y el extendimiento
de vuestros manos delante de nuestro señor dios, y las peticiones
y oraciones que habéis ofrecido en presencia de nuestro señor, llamado
tiniebla y aire, en las vigilias de la media noche; por ventura
habéis velado, por ventura habéis trabajado en barrer y ofrecer
incienso en su presencia, por ventura por estas buenas obras ha
hecho con vos misericordia nuestro señor, por ventura ésta fue la
causa por que se determinó en los cielos y en el infierno, antes
del principio del mundo, que se os hiciese esta merced. Por ventura
es verdad que nuestro señor Quetzalcóatl, que es criador y hacedor,
os ha hecho esta merced. Por ventura lo ha determinado el que reside
en el cielo, un hombre y una mujer, que se llaman Ometecuhtli, Omecíhuatl.
Por ventura esto está
ya así determinado: mirad hija mía que no os ensoberbezcáis por
la merced que se os ha hecho; mirad que no digáis dentro de vos,
ya estoy preñada; mirad que no atribuyáis esta merced a vuestros
merecimientos, porque si esto hiciéredes, no se lo podrá esconder
a vuestro señor lo que dentro de vos pensáredes, porque no se le
esconde ninguna cosa, aunque esté dentro de las piedras y de los
árboles, y así se enojará contra vos y os enviará algún castigo,
de manera que perdamos lo que dentro de vos está, matándolo nuestro
señor o permitiendo que nazca sin sazón o muera en su ternura; o
por ventura os dará nuestro señor alguna enfermedad a vos para que
muráis; porque el cumplimiento del deseo que tenemos del hijo y
de generación, por la sola misericordia de dios se nos cumple, y
si nuestros pensamientos son contrarios a esta verdad, pensando
que se hace por nuestros merecimientos, nosotros nos defraudamos
de la merced que nos está hecha". (Sah. Hist. gral., l. 6,
c. 25).
La vida humana
no se debe a nuestros merecimientos, sino a la ordenación
y misericordia de dios! Menuda lección para aquellas madres
modernas que sienten poder "decidir" sobre la vida naciente
que portan en su seno. El discurso prosigue con elocuencia,
resaltando vario linaje de valores:

Códice Borbónico, lám. 13.
"Por ventura hija, por tu soberbia no merecerás que salga a luz lo que está principiando y viene ya; por ventura ya quiere brotar la generación de tus bisabuelos y tatarabuelos, y de tus padres que te echaron acá, y nuestro señor dios quiere que engendre y produzca fruto el maguey que ellos plantaron hondamente, para que lo que naciere sea imagen de ellos, a los cuales el mismo señor los escondió y los llevó para sí, y él quiere que los levanten la cabeza y en alguna manera los resuciten los que nacerán de su posteridad.
Lo que ahora,
hija mía muy tierna, es necesario que hagas es que te esfuerces,
que hagas tu posibilidad acerca de llorar y suspirar delante de
nuestro señor; trabajad también en barrer y en desembarazar, y en
componer, y en limpiar los altares y oratorios de vuestra casa,
a honra de nuestro señor dios, y procurad asimismo de ofrecer incienso,
que se llama tenamactli; velad de noche, mirad que no durmáis demasiado,
ni os deis a la dulzura del sueño, mayormente procurad de suspirar
de corazón y decir: "¿qué será de mi desde aquí a cuatro días, o
cinco días?", porque somos flacos y muy quebradizos". (Id.)
Y concluye la exhortación
con estas asombrosas palabras:
"Oíd otra cosa, hija mía, que os encomiendo mucho: mirad que guardéis
mucho la criatura de dios que está dentro de vos; mirad, no burléis
con él, mirad que no seáis causa de alguna enfermedad por vuestra
culpa, a la merced que nuestro señor os ha hecho, que es habernos
dado criatura, que es como un joyel con que os ha adornado; mirad
que os guardéis de tomar alguna cosa pesada de los brazos, o de
levantarla con fuerza, porque no empezcáis a vuestra criatura; mirad,
hija que no uséis el baño demasiadamente, mirad que no la matéis
con el calor demasiado del baño. [...] Apartáos, hija, de mirar
cosas que espantan o dan asco; esto es consejo de los viejos y viejas
que fueron ante nos. ¡Oh, hija mía chiquita, palomita! estas pocas
palabras he dicho para esforzaros y animaros, y son palabras de
los viejos antiguos, vuestros antepasados, y de las viejas que aquí
están presentes, con las cuales os enseñan todo lo que es necesario
para que sepáis y veáis que os aman mucho y que os tienen como una
piedra preciosa y pluma rica; ninguna cosa os han escondido, y en
esto hacen como sabios experimentados. Seáis, hija, muy bien aventurada
y próspera, y vivas con mucha salud y contento; y viva con sanidad
y salud lo que tienes dentro en vuestro vientre. Esperemos todos
en nuestro señor , esperando lo que sucederá mañana o ese otro día,
y lo que de vos determinará vuestro señor. Seáis muy bienaventurada
y ruego que venga a luz lo que está en vuestro vientre".
Difícil es agregar algo más.
TRASCENDENCIA
"El ser humano es el responsable de lo que hace, de lo que ama, y de lo que sufre".
Víctor Frankl


